‘El juego del calamar’ no es para niños pero la ven: así impacta en ellos la violencia

NAUCALPAN.- El juego del calamar, la adictiva serie de Netflix, está en boca de todos desde su estreno en la plataforma. Es ya todo un fenómeno presente en muchas conversaciones, en redes sociales pero también, como alertan varios padres y profesores, en los patios de los colegios y no solo fuera de nuestras fronteras, sino aquí mismo.

En los últimos días a través de Twitter algunos docentes han señalado que se han dado cuenta de que alumnos de Primaria juegan a algunos de los juegos tradicionales que aparecen en la serie, como el escondite inglés, pero también con la vertiente violenta que tiene la ficción.

Algunos padres también han compartido su preocupación acerca de que los compañeros de clase de sus hijos, de corta edad, hayan visto los capítulos que la propia Netflix no recomienda para menores de 16 años. Esto quiere decir que, o bien la ven a escondidas, o bien que sus padres se lo permiten.

¿Qué supone que niños de tan corta edad estén expuestos a esa violencia? “En general, los niños y niñas tienden a interiorizar que aquello que les proporcionan sus figuras de apego principales (madres y padres) es bueno para ellos, o por lo menos aceptable. Si un padre o madre permite que su hija o hijo vea una serie con ese grado de violencia, es probable que el niño se sienta confundido respecto a cuál es el patrón relacional deseable a nivel social y con sus iguales”, explica Elena Lloberas, psicóloga psicoterapeuta en el sistema público de atención precoz a la pequeña infancia (CDIAP Rella).

“No solo presenta un grado muy crudo de violencia, sino que además está asociado al mundo infantil y a los juegos propios de la edad”

Como advierte, si ese niño “cuenta con pocos recursos emocionales para gestionar la frustración de otro modo, puede que en un momento en que esté sometido a estrés tome la violencia como una forma adecuada de afrontar el malestar”.

“Además, el mensaje de esta serie tiene un factor doblemente confusional para un niño, ya que no solo presenta un grado muy crudo de violencia, sino que además está asociado al mundo infantil y a los juegos propios de la edad”, añade la psicóloga. “Mediante el juego, el niño juega con la agresividad propia de las etapas infantiles justamente para procesarla y no llevarla al acto. Las escenas de El juego del calamar sugieren un mundo adulto en que la agresividad se lleva a cabo hasta sus últimas consecuencias, hecho que puede despertar mucho miedo entre los niños, que ven el mundo adulto como confiable”.

En su opinión, los niños de Primaria no han llegado al punto de “desarrollo emocional” suficiente como para estar preparados para ver esas escenas. A esa edad no se tiene capacidad suficiente “para contextualizar” los hechos, así como “ser crítico con lo que están viendo, pudiendo diferenciarse a sí mismo de la historia”: “Se debería prohibir a toda costa que presencien estas escenas”.

“Se debería prohibir a toda costa que presencien estas escenas”

Ante el dilema que se les presenta a algunos padres cuando sus hijos piden verla porque todos sus compañeros lo hacen, Lloberas da las claves de cómo gestionar la situación: “Si los padres tienen claro el motivo por el cual no quieren que sus hijos vean este tipo de contenido, pueden explicarles el porqué (adaptado a la edad que tengan) y establecer de forma clara y consistente dónde deciden ellos que están los límites dada su idea de crianza”.

“Al final, pensando en el bienestar emocional del niño a largo plazo, lo más importante será que cuente con la experiencia de sentir que ha tenido unos padres presentes y cuidadosos, que se han dado espacio mental para dar significado a su hijo y a lo que es mejor para él o ella. Como madres y padres, es importante repetirse a menudo que a veces ‘querer’ pasa por poner límites, a pesar de (o justamente gracias a) la frustración que se derive de ello”, añade.

Vía Huffington Post.